2020/04 – El estafador de tinder al descubierto

Por Felix Hutt

Seduce a mujeres jóvenes y guapas de toda Europa haciéndose pasar por multimillonario. Las contacta por Tinder, las enamora y luego las despluma poco a poco. Sus víctimas todavía se preguntan: «¿Por qué no me di cuenta de nada?». Hablamos con ellas.

-Periodista: ¿Cuál es su profesión?

-Hayut: Soy un respetable hombre de negocios.

-Periodista: ¿A qué negocios se dedica?

-Hayut: Soy dueño de algunas empresas. Prefiero no decir más al respecto.

Veintisiete días más tarde, sala 305 de los Juzgados de Tel Aviv (Israel), octubre de 2019. El acusado pregunta si puede ponerse en pie y plantear una petición al tribunal. La jueza asiente. Shimon Hayut se levanta. «Anoche, un compañero preso se suicidó delante de mí -dice Hayut-, es intolerable que tenga que compartir celda con once reclusos. Ruego que me concedan arresto domiciliario».

Hayut tiene 29 años, una sola vida, pero multitud de identidades. Decía ser Mordechay Tapiro, traficante de armas; o Simon Leviev, marchante de diamantes. Conducía deportivos, viajaba en aviones privados y buscaba mujeres hermosas a través de apps de citas. Ellas se enamoraban y él las desplumaba. Para sus víctimas, Hayut es un delincuente. Hayut está acusado de fraude y robo.

La jueza de Tel Aviv rechaza la petición de Hayut. El acusado es llevado a prisión.

Fase contacto: es todo un caballero

Dos años antes, una tarde de otoño de 2017, Katharina Benzen salió del trabajo y se fue directa a su casa, situada en un elegante barrio berlinés. Sacó su móvil y abrió Tinder. La aplicación le fue mostrando perfiles de hombres que estaban cerca.

Katharina es una de las cuatro mujeres que nos han contado su historia con Shimon Hayut. Todas acompañan sus relatos con chats de WhatsApp, fotos, vídeos, mensajes de voz y extractos de tarjetas de crédito. Sabemos que existen otras seis víctimas. Los daños financieros de los diez casos de fraude conocidos superan el millón de euros. Los morales no se pueden cuantificar en dinero.

Él comentó que se dedicaba a los diamantes. No intentó seducirla. Iba despacio. Le daba tiempo. Fueron juntos a Milán, Viena… y, finalmente, se amaron en París

Katharina Benzen nos cuenta su historia. Su nombre no es Katharina Benzen. Ha recibido amenazas, tampoco quiere que la prensa sensacionalista la contacte ni que futuros empleadores la relacionen con el estafador de Tinder cuando busquen su nombre en Google.

Katharina Benzen tiene 28 años y parece hermana de Gwyneth Paltrow. Lleva el pelo rubio recogido en una trenza, un vestido negro, botas altas y un Rolex. Durante las cuatro horas de conversación, la rabia se le mezcla con el desprecio que siente por sí misma. «Ya no tengo ninguna seguridad en mí misma -dice-. ¿Por qué no me di cuenta de nada?».

Uno de los hombres que apareció en su móvil aquella noche era Simon Leviev. En la imagen de su perfil salía en su descapotable. En otra foto, al volante de un Lamborghini. Parecía un hombre cosmopolita y con dinero. «Estoy en el Waldorf Astoria», escribió Simon aquella noche. Benzen había quedado con una amiga, pero lo canceló. Él se presentó como Simon Leviev, marchante de diamantes de Tel Aviv. Llegó acompañado por un hombre, también de pelo oscuro. Avishay era un amigo y compañero de negocios, según contó Leviev.

«Tiene estilo», pensó Benzen. La seguridad con la que pidió las bebidas en inglés, la forma con la que anotó el número de su habitación en la cuenta: no cabía duda, aquel hombre se movía en los hoteles de cinco estrellas como si estuviese en su casa. «¿Dónde podríamos ir esta noche.?», preguntó Leviev al cabo de un rato. Fueron a un club de moda. Él pidió una mesa, pero no quedaba ninguna. Se quedaron en la barra. Leviev pagó las copas, pero bebió poco, un punto más a favor. Tampoco le dedicó ningún cumplido, por no hablar de intentar besarla. No le dio la sensación de que esperara nada. Leviev le abrió la puerta del taxi que la llevó de vuelta a casa. Todo un caballero.

Fase seducción: viajes y flores

Simon Leviev se marchó de Berlín a la mañana siguiente, los negocios le reclamaban. Se volvieron a ver días más tarde. Simon le contó que su familia se dedicaba a los diamantes, pero que estaba peleado con su padre. Katharina encontró la empresa familiar en Internet. Lev Leviev es un multimillonario israelí, de raíces soviéticas y conocido como «el rey de los diamantes». De él se dice que tiene buenos contactos con Vladímir Putin. «No era raro discutir con un padre así», pensó Benzen.

Benzen le habló a su madre de Simon Leviev. Sentía lástima por él, parecía un hombre sin hogar. A pesar de todo su dinero, estaba solo. Simon iba a Berlín cada tres o cuatro días. A veces solo, a veces con alguien de su equipo o con un guardaespaldas. Necesitaba protección porque tenía muchos enemigos, es algo que viene con el éxito, le decía.

Katharina le presentó a sus amigos, a su familia. Se besaron. A veces, él le ponía la mano sobre el muslo por debajo de la mesa. Iba despacio, le daba tiempo.

«¿Puedo dejar algunas cosas en tu casa?», le preguntó al cabo de unas semanas. Ella le dio una copia de su llave. Él dejó de dormir en un hotel. Comían pizza, veían series, él lavaba los platos. Benzen tenía la sensación de que podía ofrecerle un hogar en medio de su vida agitada.

Simon Leviev la invitó a escapadas por Europa. Hotel Armani, Milán. Hotel Kempinski, Viena. El primer viaje juntos fue a París. Se amaron en el hotel Shangri-La. En casa se encontraba ramos de flores esperándola con unas notas como «te quiero con todo mi corazón. Tu Simon». Las palabras iban acompañadas por el dibujo de un corazón.

Katharina Benzen llevó a su novio a la cena de Nochebuena con su familia. Él le dijo que tenía un regalo para ella, pero que se lo habían retenido en la aduana del aeropuerto al llegar desde París ese mediodía. Que no era raro, debido a su valor. Y que no se preocupara, que pronto se lo daría.

Fase ordeño: la tarjeta compartida

Simon volvió a marcharse después de Navidad, pero le dijo que pasarían la Nochevieja juntos en los Alpes. Le reservó un vuelo de Berlín a Salzburgo para el 28 de diciembre.

Por cierto, al entregarle el billete de avión, le dijo que, como el año se estaba terminando y había acumulado un montón de puntos en la American Express, estaba pensando en regalárselos a ella. ¿Por qué no pedía una tarjeta American Express? Le aseguró que así le podría transferir los puntos a su cuenta sin problemas. Cuando los llamados love scammers empiezan a desplumar a sus víctimas, comienza la fase conocida como ‘ordeño’. Shimon Hayut había invertido dos meses en Katharina Benzen. Y ella se había enamorado de él. Confiaba en él.

Él le dijo que había acumulado puntos de los vuelos y que pensaba en regalárselos a ella. ¿Por qué no pedía una tarjeta American Express?

Katharina no sabía que detrás de Simon Leviev se ocultaba Shimon Hayut, un delincuente encarcelado en Finlandia por sacarles dinero a mujeres. Tampoco que había tenido una hija con una de sus víctimas finlandesas. Ni que sus viajes y sus cenas las pagaba con las tarjetas de crédito de sus otras víctimas. Katharina solo sabía que quería a Simon.

La Nochevieja se la pasó esperando a su novio. Estaba atrapado en Viena, no iba a poder llegar, «lo siento, my love». Y luego le preguntó: «¿Te ha llegado ya la American Express?».

Se vieron brevemente en Berlín en enero. Su padre había sufrido un infarto, le dijo Leviev, tenía que ir a Tel Aviv enseguida. A pesar de sus diferencias, en los tiempos duros la familia estaba unida. La American Express de Katharina ya había llegado y Simon se la llevó.

Día 3 de febrero: 980 euros, Gucci, Ámsterdam.

Día 7 de febrero: 12.384,87 euros, Waldorf Astoria, Ámsterdam.

Día 9 de febrero: 1799 euros, Saturn, Berlín.

Día 14 de febrero: 5037,84 euros, British Airways.

A nadie le extrañó que un hombre pagara con la tarjeta de crédito de una mujer. Katharina vio por los extractos que Simon estaba pagando con su tarjeta vuelos a nombre de otras mujeres. «¿Quiénes son esas chicas?», le preguntó por WhatsApp. Él se limitó a responderle que había tenido un problema con sus cuentas, que le devolvería el dinero cuanto antes. «¿Por qué habría de desconfiar?», pensó Katharina. Simon viajaba en aviones privados, era multimillonario. Para un hombre como él, las sumas que estaba cargando en su cuenta eran calderilla.

Fase intimidación: miedo y vergüenza

Hayut conocía a la perfección el juego al que estaba jugando. Sabía que Benzen cancelaría la tarjeta tan pronto como se diera cuenta del fraude. Hasta entonces tenía que sacarle todo lo que pudiera. Para tranquilizarla, Hayut le envió el comprobante de una transferencia del banco Credit Suisse; suma: 30.000 dólares; ordenante: LLD Diamond’s LLC, Quinta Avenida, Nueva York. El 19 de febrero de 2018, Benzen recibió el comprobante de otra transferencia, de más de 180.000 dólares. Pero ninguna llegó a su cuenta. Los documentos eran falsos.

Benzen bloqueó la tarjeta. Él le exigió que la desbloqueara, que estaba en peligro de muerte y necesitaba su ayuda económica. «Tú eres el enemigo», escribió poco después un Hayut ya apremiante, y la acusó de ser una nazi.

La intimidación es el último acto del fraude. El miedo y la vergüenza hacen que la víctima no denuncie los hechos. No solo ha perdido al hombre de su vida, también sus ahorros y está endeudada. Solo quiere que todo termine.

Shimon le envió a Benzen una foto de la puerta de su casa en Berlín. La fotografía la habían hecho sus enemigos, le dijo, él ya no se hacía responsable de lo que pudiera pasar. Una noche, al volver a casa, Katharina se dio cuenta de que alguien se había llevado las cosas de Hayut. Y lo denunció a la Policía. «No me preocupa la Policía -escribió Hayut-, no necesito tu ayuda, eres tú quien la va a necesitar».

Benzen dejó de responderle. Entonces recibió un mensaje en Instagram. «A veces es mejor tener la boca cerrada. No lo olvides: la vida es como un restaurante, al final siempre te llega la cuenta…», le escribió un tal «marcelocosta_80».

Katharina se pasaba los días llorando. Una amiga psicóloga la ayudó a darse cuenta de que el hombre al que amaba no existía. Katharina intentó al menos salvar su dinero. Llamó a American Express. La pusieron en contacto con un agente especializado en cibercrimen. Se enteró así de que Shimon Hayut era un hombre conocido de las autoridades desde 2015 y que usaba dos identidades distintas, Simon Leviev y Mordechay Tapiro. American Express no le cargó en su cuenta las operaciones, una excepción en estos casos, pues la mayoría de las víctimas tienen que pagar las deudas.

La Policía, por su parte, le dijo que no podía hacer nada. «El acusado no tiene domicilio o paradero conocido en la República Federal de Alemania», le comunicó la Fiscalía de Berlín.

-Periodista: ¿Cómo explica los comprobantes de transferencia falsos?

-Hayut: Mi nombre no figura en ellos.

-Periodista: Tenemos chats en los que pide dinero a su víctima y la amenaza.

-Hayut: Voy a ir a por todas. Van a pagar por lo que me han hecho. Soy la tercera ley de Newton, a toda acción le sigue una reacción.

La siguiente víctima

Pernilla Sjöholm vive en Estocolmo y tiene 32 años. El 30 de enero de 2019 recibió un mensaje de Facebook de un periodista que trabajaba para el periódico noruego VG. El reportero había sabido que tenía contacto con un hombre llamado Simon Leviev y quería hablar con ella.

En ese momento, Sjöholm se encontraba en plena ‘fase ordeño’, llevaba meses esperando que Simon Leviev le devolviera los 30.000 euros que ya le había prestado. Cuando le preguntaba por el dinero, él respondía con nuevas exigencias. En su banco le decían que nadie sabía por qué, pero que las transferencias de Leviev no llegaban.

Había conocido a Simon en Tinder. Viajaron juntos a Mykonos. Él alquiló un coche con chófer para moverse por la isla por 1000 euros el día. Cuando ella se sentía mal por algo, él volaba a Estocolmo para estar a su lado.

Cuando hablaron por teléfono, el periodista noruego le dijo que había encontrado su nombre en los extractos de la tarjeta de crédito de Cecilie Fjellhøy, una ciudadana noruega, y le explicó cómo exprimía Hayut a sus víctimas.

La trampa

El 2 de febrero de 2019, Sjöholm voló a Múnich invitada por Hayut. Con ella viajaron tres periodistas del VG, la idea era acompañarla sin que Hayut se diera cuenta. No querían desenmascararlo, solo reunir información. Sjöholm y Hayut cenaron juntos en el hotel Mandarin Oriental. Los periodistas los fotografiaron juntos.

El 16 de febrero de 2019, el VG publicó en su página web un reportaje en el que Cecilie Fjellhøy y Pernilla Sjöholm contaban su historia con Simon Leviev. El titular era: «El estafador de Tinder». El reportaje arruinó el negocio a Shimon Hayut, que borró el perfil de Simon Leviev en las redes sociales y desapareció.

El 28 de junio de 2019, la Policía detuvo a Shimon Hayut en el aeropuerto de Atenas cuando intentaba seguir viaje con pasaporte falso. Los agentes comprobaron que había una orden de arresto de Interpol contra él. Israel solicitó su extradición a las autoridades griegas.

Él era la víctima, nos aseguró Shimon Hayut cuando hablamos con él para hacer este reportaje. Fue una conversación telefónica desde la cárcel de Korydallos, cerca de Atenas, el 25 de septiembre de 2019. Las acusaciones de aquellas mujeres eran mentira. El traslado a Tel Aviv iba a realizarse en unos pocos días. La conversación tuvo lugar por mediación de su abogado.

-Periodista: Un tribunal de Helsinki lo condenó en 2016 por estafar a tres mujeres y pasó un año y medio en prisión. ¿Cómo casa eso con ser un respetable hombre de negocios?

-Hayut: Lo de Finlandia no fue nada, no tenían nada contra mí. Un malentendido.

-Periodista: ¿Por qué viaja con pasaporte falso?

-Hayut: Mi vida está en peligro. En la vida hay competencia y hay enemigos.

-Periodista: Muchas mujeres lo acusan de estafa.

-Hayut: El reportaje del VG es una invención. Nunca le he pedido dinero a nadie.

-Periodista: Por lo tanto, ¿es cierto que es hijo del multimillonario Lev Leviev?

-Hayut: Preferiría no hablar de mi vida privada.

La verdad sobre Shimon

El padre de Shimon Hayut se llama en realidad Yochanan Hayut y no es multimillonario. Trabaja como rabino. Shimon Hayut tiene seis hermanos y creció en una pequeña casa cerca de Tel Aviv. Sus padres todavía viven allí. Shimon Hayut deseó desde muy joven tener una vida distinta a la que el destino le había reservado.

Cuando tenía 20 años, Hayut trabajó de jardinero para una familia adinerada. Les robó un talonario y se compró un Porsche. Siempre deseó una vida distinta

Luego se matriculó en una escuela de vuelo, quería ser piloto; Hayut volvió a pagar con otro cheque robado. Aquellos fraudes fueron destapados rápidamente y tuvo que huir. Viajaba con pasaportes falsos, al principio se presentaba como un próspero traficante de armas. Tras su detención en Finlandia se convirtió en Simon Leviev, marchante de diamantes.

Los ocho delitos por los que se lo acusa en Tel Aviv no tienen nada que ver con sus estafas a través de Tinder. Son delitos cometidos en Israel entre 2010 y 2011. «Iré a Israel, me presentaré ante la Justicia y quedaré libre», nos había dicho por teléfono desde la cárcel.

De momento no va a tener que responder por lo que les ha hecho a las mujeres víctimas de sus estafas. Las investigaciones policiales se desarrollan sin ninguna coordinación entre ellas. Los movimientos de dinero son difíciles de rastrear y las sumas estafadas son mínimas. Para los agentes encargados de temas financieros, este estafador de Tinder es un pez demasiado pequeño.

Hayut fue condenado el 30 de diciembre de 2019 a 15 meses de cárcel, eludibles con el pago de 170.000 séqueles, unos 4400 euros. Con buena conducta, podría quedar en libertad en la primera mitad de 2020.

Fuente: https://xlsemanal.abc.es/actualidad/20200306/seductor-estafador-tinder-citas-online-mujeres-victimas-robo-estafa-shimon-hayut.html

Cerrar menú