2020/04 – Psicología de la pandemia: así nos está cambiando el confinamiento

JOSÉ CARLOS CASTILLO Miércoles, 8 abril 2020.

 

Los teléfonos móviles pueden acentuar los problemas de pareja o familiares

«La tecnología puede convertirse en un arma de doble filo durante la cuarentena», alerta la psicóloga María Victoria Martos.

España encara el puente de Semana Santa entre lamentos: de quienes se han visto forzados a cancelar sus vacaciones y por parte del sector hostelero, que marca un porcentaje nulo de reservas en uno de sus periodos tradicionalmente más provechosos. Con todo, el descenso continuado en la tasa de contagios y la certeza de que el confinamiento general está salvando vidas, infunde ánimos a la población.

Este sentimiento contradictorio no debe llevarnos a culpa, explica María Victoria Martos (psicóloga clínica y co-directora del ‘Centro de Psicología Plaza de España’), a quien hemos preguntado por las consecuencias de la cuarentena sobre nuestro comportamiento: «En una situación tan inusual y de amenaza es completamente normal sentir emociones de angustia, inquietud, malestar, ira, tristeza, apatía, cansancio, alteraciones en el sueño… Estamos en una situación de amenaza y nuestro cuerpo se activa para mantenernos alerta. Es posible que estás sensaciones no nos gusten y no las queramos sentir, pero son filogenéticamente adaptativas y nuestro cuerpo irá bajando poco a poco el nivel de activación a medida que perciba que disminuye la amenaza».

Ahora bien, ¿existe un perfil al que esta situación afecte en mayor medida? Martos refiere a estudios clínicos radicados en China, en los que se determinaron varios factores de riesgo: ser mujer, estudiante, de bajo poder adquisito, con patologías previas o que haya manifestado síntomas físicos en los últimos 14 días (compatibles o no con la covid-19). Igualmente y desde el punto de vista psicológico, «aquellas personas con mayor rigidez cognitiva, elevada necesidad de control y una tendencia a la preocupación excesiva» pueden sentirse más desbordadas estos días.

Una razón de peso para lo anterior es la falta de contacto físico, de vital importancia para nuestro bienestar psicológico: «Los seres humanos tenemos varios sistemas de regulación emocional, uno es el mentado de amenaza o alerta, que se activa cuando nos sentimos en peligro liberando adrenalina y cortisol. Otro es el de ‘Autocuidado’, donde el contacto físico es clave como forma de desarrollo emocional. Besos y abrazos nos ayudan a sentirnos a salvo con la liberación de oxitocina y endorfinas». Lo que es más: investigaciones recientes han demostrado que también podemos liberar estas sustancias al abrazamos y hablarnos con cariño; tabúes de una sociedad poco acostumbrada al autoconocimiento.

El contacto físico es clave como forma de desarrollo emocional.

Martos aporta otras recomendaciones para hacer más llevaderas las tres semanas de encierro que tenemos por delante (al menos hasta la fecha): «La sobreinformación puede jugar en nuestra contra. Es importante dosificar la de índole negativa, que puede desencadenar procesos de indefensión y desesperanza. Igualmente conviene mantener un plan diario con actividades de desempeño y ocio; autocuidado en alimentación; ejercicio físico… sin olvidarnos del contacto con amigos y familiares, nuestra propia pareja o aquellos con los que convivimos físicamente».

En este sentido, la tecnología (mayormente smartphones y demás gadgets inteligentes) pueden convertirse en un arma de doble filo: «Estos dispositivos están siendo un gran aliado para mantenernos conectados y sentir que no estamos solos en esta dificultad, pero también pueden desconectarnos de nuestro entorno inmediato e incluso de nosotros mismos. Es importante que nos permitamos momentos en los que podamos desconectar del teléfono y las redes para escuchar nuestras necesidades. Tal vez haciéndonos la siguiente pregunta: -¿Qué necesito en este momento para cuidar mejor de mí?».

Para muchos, aislarse con el teléfono móvil es la solución más fácil a otro de los problemas que enfrentamos de un tiempo a esta parte: las fricciones inevitables con la pareja, fruto de una convivencia diaria tan prolongada como inusual. Las pequeñas rutinas y los momentos ‘para nosotros’ a los que alude Martos, desaparecen de nuestra cotidianidad, lo que genera irritabilidad, miedo e incluso tristeza: «Si la pareja no estaba en un proceso de crisis o tenía dificultades en la relación, es más probable que estas dificultades en la convivencia sean transitorias y puedan irse reduciendo después del confinamiento. En estos momentos podemos establecer unas normas de convivencia. Si nos sentimos muy irritados es mejor que nos vayamos un momento a otra habitación y, cuando estemos más calmados, comuniquemos cómo nos sentimos».

Superadas estas vicisitudes y con una previsible relajación del confinamiento de cara a las primeras semanas de mayo, enfrentaremos los retos propios de volver a nuestra vida cotidiana. El primero, mucho antes de poner un pie en la calle para algo distinto de hacer la compra o pasear al perro, explica Martos: «En este momento el principal reto es no anticipar; no dejarse llevar por anticipaciones catastrofistas y confiar en nuestra resiliencia o habilidad natural para superar las dificultades. El ser humano es altamente resiliente, tiene una capacidad innata de superación y adaptación y nuestra flexibilidad y confianza son claves para desarrollarla».

El miedo a las futuras aglomeraciones debe atajarse con una exposición gradual y progresiva, nunca forzada.

Entrando en lo concreto, ¿cómo deberíamos afrontar las suspicacias iniciales a cualquiera aglomeración (una vez se restablezcan los tránsitos habituales en las redes de transporte y se retomen los grandes eventos)? La psicóloga aclara que ese miedo es «completamente normal» y que la mejor manera de afrontarlo es una «exposición gradual y progresiva a las siutaciones que lo desencadenan». En todo caso, «es importante que empecemos poco a poco: al principio será salir a la calle, saludar… y gradualmente iremos retomando el contacto físico habitual. No debemos ser muy exigentes en querer volver de manera inmediata a la normalidad».

Aún con esas habrá quienes precisen de ayuda profesional, algo que no todo el mundo concibe por un ‘qué dirán’ absurdo. Estigmatización a un lado, Martos recomienda la terapia «cuando el miedo, la angustia y la tristeza sean intensas, abrumadoras y duraderas, de forma que interfieran significativamente en nuestra vida».

Llegamos así al quid de la cuestión: ¿cambiará esta pandemia nuestros hábitos de conducta a largo plazo? ¿O tal vez volveremos a nuestras pautas habituales al cabo de unos cuantos meses? Al fin y al cabo, el ser humano siempre se ha caracterizado por olvidar demasiado pronto: «Toda experiencia humana va a producir nuevos aprendizajes y va a provocar cambios de conductas. Dependiendo del tiempo que dure el impacto y de las consecuencias, los cambios pueden ser más o menos duraderos. Y aunque es posible que está situación precipite algunos cuadros clínicos como estrés postraumático y trastornos de ansiedad, también está generando un sentimiento de humanidad compartida, de conexión con el sufrimiento de los demás y el deseo de querer ayudarlos».

Dicha hermandad; aprender a vivir con lo fundamental y a valorar las pequeñas cosas, resultan el ‘no hay mal que por bien no venga’ de esta pandemia.

Fuente: https://www.elcorreo.com/tecnologia/investigacion/psicologia-pandemia-cambiando-20200407115027-nt.html

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